Sí al asilo de Evo Morales / En opinión de Francisco Garfias

Desde que tengo uso de razón —y antes—, México ha sido país de asilo. Le ha abierto las puertas a perseguidos políticos, sin importar posiciones ideológicas.

A lo largo del siglo XX fue refugio de republicanos españoles perseguidos por Franco; cubanos anticastristas; chilenos antipinochetistas, argentinos antiVidela.

Pero también tupamaros uruguayos; nicaragüenses antiSomoza; centroamericanos amenazados por la violencia; figuras históricas como León Trotsky o dictadores como el sha de Irán.

El mismísimo Fidel Castro vivió exiliado en nuestro país antes de embarcarse en el Granma para hacer la revolución de Cuba.

Una apertura que nos pone por encima de muchas naciones. Algo para enorgullecer. Los refugiados pagaron con creces la oportunidad. La mayoría no vinieron a desplazar, sino a aportar.

Sólo por hablar de republicanos españoles. Allí está el poeta León Felipe, el publicista Eulalio Segundo Ferrer, los cineastas Luis Alcoriza y Luis Buñuel, el filósofo José Gaos, el arquitecto Félix Candela.

Aquí vivieron Hortensia Bussi, esposa del asesinado presidente de Chile, Salvador Allende, y su familia.

 

* El caso Evo Morales, sin embargo, dejó entrever que hay muchos mexicanos que no acompañan la decisión de la 4T.

Una pequeña muestra es el hashtag #EvoNoEresBienvenidoEnMexico. Fue tendencia en Twitter. A las 19 horas locales ya iban 24 mil.

El citado hashtag se multiplicó abruptamente después de que el canciller, Marcelo Ebrard, anunciara oficialmente que “por razones humanitarias” se le concedió refugio al expresidente de Bolivia.

El polémico expanista Javier Lozano se adelantó a los acontecimientos. “Ya nomás falta que le manden un avión de la Fuerza Aérea para traerlo. No tienen madre”.

Fue exactamente lo que ocurrió. El avión hizo escala en Lima. A las 18:30 horas locales despegó rumbo a Bolivia, según un comunicado del gobierno de Perú. Horas después, Evo informaba en redes su partida hacia México, aunque advertía: “Volveré con fuerza”.

Marko Cortés, presidente nacional el PAN, se opuso tajantemente a la decisión del gobierno de López Obrador. Argumenta que México debería estar comprometido con la defensa de la democracia y los derechos humanos.

Pero la bronca es otra. La vida de Evo Morales y la de su familia corre peligro. Saquearon su casa, quemaron la de su hermano. La policía está rebasada. Traerlo es congruente con lo que somos. Un país de asilo. Soy crítico, no adversario, de la 4T, pero en ésta sí aplaudo la opción del asilo.

 

* Antes de cambiar de tema quiero dejar muy claro que no estoy de acuerdo con las intenciones reeleccionistas de Evo Morales. Menos si fue fraudulenta, como afirma la OEA y refleja el enojo en las calles. Le ganó la ambición.

El expresidente de Bolivia, de origen indígena, no se quiso retirar a tiempo. Llevaba 13 años en el poder. Quería más.

Un comentario adicional. Antes de poner la mañanera, casi todos los días reviso las redes sociales. Me topé con un tuit de Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, que me hizo brincar de la cama.

Escribió: “Angela Merkel tiene 14 años en el poder, pero como es Alemania nadie dice nada. Evo Morales tiene 13 años en la presidencia por decisión soberana de su pueblo, pero como es un país en desarrollo, lo acusan de dictador. El conservadurismo y su doble rasero”.

¡Gulp!

Martha Bárcena, embajadora de México en Estados Unidos, balconeó la ignorancia de la jefa de Gobierno, consentida de López Obrador, en otro tuit:

“Con una diferencia fundamental. Alemania es un país con un sistema parlamentario y Bolivia tiene un sistema presidencial. En Alemania, el gobierno de Angela Merkel ha sido de coalición. Un poco de sistemas políticos separados”.

El tuit de Bárcena causó molestia entre legisladores de Morena.

“Poco diplomático su comentario. Además, nada qué ver: la Comparación de Claudia Sheinbaum es diferencia de rasero que se mide”, escribió el diputado de Morena Javier Hidalgo.

 

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